La rápida expansión del sector fintech ha transformado la forma en que gestionamos nuestras finanzas. Sin embargo, junto con la innovación llega una exposición creciente a amenazas cibernéticas que ponen en riesgo datos sensibles y la confianza de millones de usuarios.
El mercado fintech experimenta un crecimiento sostenido: en México, por ejemplo, existen más de 773 empresas a finales de 2023, un incremento del 18.9% frente al año anterior. Asimismo, se calcula que para finales de 2025 habrá 46 millones de usuarios digitales utilizando servicios financieros innovadores.
En España, la penetración bancaria digital alcanza ya un 70%, con previsiones de alcanzar el 85% en cinco años. Estos datos demuestran que la seguridad no es opcional, sino un pilar fundamental para sostener la expansión del sector y mantener la confianza en el ecosistema.
El número y la sofisticación de los ataques aumentan año tras año. En 2024, el sector bancario y fintech reportó un crecimiento del 53% en incidentes de ciberseguridad, con 4,414 casos documentados. Además, las metodologías de ataque se diversifican y aprovechan herramientas de inteligencia artificial.
Las principales amenazas para 2025 incluyen:
Estos riesgos no solo generan pérdidas económicas; el coste global del ciberdelito alcanzará los 10.5 billones de dólares en 2025, con un coste medio por filtración de 4.44 millones de dólares.
Aunque la mayoría de las fintech reconoce la importancia de la seguridad, persisten brechas significativas. En México, el 38% carece de una estrategia sólida, y solo el 62% mantiene sus sistemas actualizados ante amenazas emergentes.
La regulación avanza para mitigar estos riesgos. En la Unión Europea, el reglamento DORA exige desde enero de 2025 una gestión unificada del riesgo TIC, mientras que la Ley Fintech mexicana incluye cerca de 80 requisitos de ciberseguridad.
El incumplimiento puede derivar en sanciones económicas, pérdida de reputación y mayor vulnerabilidad a ataques como ransomware, la venta de datos bancarios y campañas de phishing dirigidas.
Implementar una estrategia de seguridad eficaz requiere adoptar enfoques proactivos y colaborativos. A continuación, las principales prácticas recomendadas para 2025:
Adoptar estas medidas proporciona una defensa robusta y anticipa movimientos de los atacantes.
La llegada de la computación cuántica amenaza los métodos de cifrado tradicionales como RSA y ECC, lo que obliga a diseñar soluciones de ciberseguridad post-cuántica.
Al mismo tiempo, la IA generativa fortalece las defensas mediante análisis de comportamiento y detección de anomalías, pero también potencia ataques automatizados, deepfakes y suplantaciones.
Blockchain ofrece una capa de transparencia y trazabilidad en transacciones, aunque implica retos en la seguridad de smart contracts y wallets. Las arquitecturas de Zero Trust representan una oportunidad para segmentar y controlar accesos.
La confianza es el activo más valioso en fintech. Una brecha de seguridad no solo genera costes directos, sino que erosiona la percepción de fiabilidad y transparencia.
Solo el 50% de los usuarios posee software de seguridad en todos sus dispositivos, pese a utilizar múltiples servicios financieros digitales. Esto revela la necesidad de campañas de concienciación y de herramientas fáciles de usar.
Las expectativas del cliente incluyen protección proactiva, notificaciones claras ante incidentes y compromiso con la privacidad. Garantizar estos aspectos fortalece la relación a largo plazo y mejora la retención.
En junio de 2024, Evolve Bank and Trust sufrió un ataque con Lockbit 3.0 que filtró datos bancarios en la dark web y exigió rescate. Este incidente demuestra la importancia crítica de las copias de seguridad y la respuesta rápida.
En junio de 2025, la exposición de 16 mil millones de credenciales en múltiples plataformas puso en evidencia la magnitud de los riesgos de la cadena de suministro digital y la necesidad de auditorías constantes.
La convergencia entre autoridades, reguladores y empresas fintech es esencial para elevar los estándares de seguridad. Iniciativas como RegTech automatizan el cumplimiento y facilitan la adaptación a cambios regulatorios.
La cooperación internacional y la compartición de inteligencia de amenazas permiten anticipar tácticas de los ciberdelincuentes y desarrollar estrategias más eficaces.
En definitiva, la seguridad en fintech es un proceso continuo que exige inversión, innovación y compromiso. Solo así se podrá garantizar la confianza a largo plazo de millones de usuarios y construir un futuro financiero más seguro.
Al adoptar una mentalidad de seguridad integral y mantener la innovación responsable, las fintech pueden consolidarse como motores de confianza y crecimiento sostenible. El compromiso con la ciberseguridad no es solo una obligación normativa, sino una oportunidad para diferenciarse en un mercado competitivo y proteger el futuro de los servicios financieros digitales.
Referencias